De doña Josefa no hay ningún rastro

  • Administrador Ecos Aragon
  • 11 abril, 2018
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Los ojos de Angélica están muy abiertos, un poco desorbitados, con la expresión de alguien que tiene miedo. Su mano derecha tiembla sin control. Tiene miedo, pero por encima de eso, de su miedo y  timidez, necesita recuperar a su mamá.

“Por favor -dice-, quiero que se conmuevan. Mi mamá es puro amor”. Antes de desaparecer, “lo único que daba era amor. Estudiaba medicina natural, curaba a las personas, ayudaba a todos, incluso salvó el embarazo de una vecina por medio de la medicina natural. Es una mujer humanista, filósofa”.

Josefina Angélica Dávila Nájera desapareció el 2 de septiembre de 2016. En ese entonces tenía 58 años; vivía sola, pero su hija Angélica iba todo el tiempo a su casa, en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México.

El día anterior, el 1 de septiembre, Angélica habló con su mamá, y todo estaba bien.  Ahora incluso se sabe que una cámara de seguridad la captó caminando sobre avenida Nezahualcóyotl, alrededor de las 10 de la noche, rumbo a su casa.

Al día siguiente, el día en que desapareció, se sabe que Josefina Angélica viajó desde Ciudad Nezahualcóyotl (avenida Neza casi esquina con Texcoco) hasta el Hospital Siglo XXI, donde tomaba unas clases gratuitas de medicina natural. Su hija la llamó por teléfono y Josefina respondió, pero no se le entendía nada. Angélica asumió que su mamá iba en el Metro. Y probablemente fue así, porque llegó a sus clases. Sus compañeros dieron fe de ello, incluso recuerdan haberla visto platicando con un hombre desconocido, que por primera vez entraba a las clases.

Después de sus clases de medicina natural, la pista de la señora Josefina se esfumó. No hay más cámaras de video o llamadas telefónicas.

El día 3 de septiembre, sus familiares la llamaron por teléfono, pero nadie contestó. El teléfono enviaba a buzón. Para el 9 de septiembre, la hija y el esposo de ésta fueron al domicilio de Josefina. Llamaron a la puerta. Desde el interior del domicilio (nunca abrieron la puerta), alguien gritó:

–¿Quién?

La hija respondió:

–¿Angélica, eres tú?

–No. Aquí no vive ninguna Angélica y nunca ha vivido ninguna Angélica.

LEVANTAN DENUNCIA. La pareja pidió ayuda. Llegó una patrulla, y los uniformados narraron que unos días antes hubo un incidente en el que varios vecinos solicitaron ayuda. Entonces la familia levantó una denuncia por la desaparición de Josefina Angélica; además de entrar en una batalla legal para detener el despojo de la casa.

Aunado al intento de despojo de la propiedad, se suma que durante muchos años algunos vecinos hostigaron a madre e hija. Ellas sufrieron amenazas, robos y violencia. Pero, a pesar de todo esto, de los antecedentes, las dos mujeres que invadieron el domicilio fueron detenidas durante dos días, y actualmente se encuentran en libertad.

Sin embargo, de Josefina Angélica, no hay rastro. Ha pasado ya un año y medio, y Angélica no sabe dónde se encuentra su madre. “Ella era lo único que tenía yo, y yo era todo lo que ella tenía”, explica. E insiste: “¿Cómo explico lo necesaria que es para mí como persona, lo necesaria que es para todos? La desaparición de mi mamá es una herida abierta. Desde que esto pasó siento que me cortaron la mitad de mi cuerpo”.

Josefina Angélica  es una mujer muy delgada, de cabello cano, de 1.50 metros de estatura. Ha cumplido ya los 60 años. Padece diabetes, debilidad visual y problemas renales. Su hija y su yerno la están buscando.

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